Tim
Curry, recordado por nuestra generación como el payaso Pennywise en It
(1990) y especialmente por mí en la película navideña Home Alone 2, tiene
actualmente 69 años. En 2012 sufrió un derrame cerebral que hasta ahora le
afecta el habla. Hace poco lo recordaba como aquel alegre pero torpe empleado
de hotel, hoy está en silla de ruedas. Como es natural, él no es el único que
sufre la difícil situación de la vejez, pese a que su edad no es tan avanzada,
su aspecto físico me entristece. La razón de esta publicación es señalar de
alguna forma que muchos, por no decir todos los actores que marcaron nuestra
infancia-adolescencia actualmente están lejos de ser las personas que vimos en
los filmes.
domingo, 9 de agosto de 2015
domingo, 26 de julio de 2015
Viaje a Brasil
Dejé la ciudad de Lima el día miércoles
11 de febrero de 2015. Casi a mitad de mes, casi a mitad del verano. Lima solía
ser la de siempre, sin la relevancia que mis intereses prefieren, quizás por
eso decidí que era hora de dejarla por un tiempo. Entonces emprendí el camino
hacia un nuevo país, nuevas ciudades, quizás más atractivas, quizás menos, todo viaje es un misterio.
Boarding Pass, listo;
equipaje, desde un día antes. Subí al aeroplano al promediar las doce del
mediodía. Mi asiento fue el penúltimo izquierdo y en medio de recuerdo de
anteriores viajes, lo primero en mi mente fue la incertidumbre o ansiedad al
momento del despegue.
Afortunadamente el suceso fue
de lo más placentero y único, a tal punto que pude mostrar una sonrisa,
descartando totalmente mi acrofobia en aviones. La mayor parte del viaje me la
pasé observando los maravillosos paisajes de América del Sur, específicamente
Perú, Bolivia y Brasil. Desde arriba muchas cosas se ven mejor, aunque solo figurativamente, aunque sea solo una vez. Fue espectacular la vista de varias ciudades, regiones y países desde la
ventana doble del avión.
Aterricé al promediar las diez
de la noche: Aeroporto Internacional de São Paulo. Lo primero que vi
fueron las favelas instaladas en los cerros, edificios altos en la periferia,
infinidades de autopistas y lo que me alegró por un momento: Un Boeing de la
línea Emirates -que vuela diariamente a los Emiratos Árabes Unidos- inexistente
en Lima.
Aeropuerto un tanto confuso
para determinar la ubicación de puntos de salida, tiendas comerciales y/o
servicios higiénicos. Quizás yo exagero, pero tuve esa impresión aunque
realmente no tenga relevancia, y la razón sea que yo era nuevo. Tenía
información referida a un servicio de bus dentro del aeropuerto y que debía
tomarlo para llegar a la terminal Tieté,
pues en ésta debía tomar un ómnibus hacia
Rio de Janeiro.
Tomé cerca de 20 o 30 minutos
en encontrar tal terminal, pues para mí, las salidas eran confusas y varias
veces caminé en círculos. De igual forma, compré el boleto hacia el destino.
Costó cerca de 50 reales. Tuve que trotar para subir al bus, pues estaban
próximos a salir.
El bus de ida hacia Tieté fue totalmente diferente a lo que
se ve en Lima. Aire acondicionado, televisor con señal de cable, lunas
polarizadas, baño y hasta dos pequeñas mesas para la comodidad del pasajero. El
Corinthians estaba goleando a un equipo colombiano en su casa, perfecta
impresión para mí. En el trayecto, de igual forma, autopistas de varios
carriles, edificios del doble de tamaño de los que se ven en Lima, áreas verdes
por doquier y un sombrío pensamiento de júbilo incrementaba a cada segundo.
Increíblemente no tenía
hambre, sino sed. Busqué algún negocio que vendiera jugos propios del país, percatándome
que casi todo estaba cerrado. Lo encontré, pedí un suco de cana, ácido, pero con el sabor dulzoso de la caña. Vaso
grande a tan solo un real, me iba percatando que no todo era caro. Estuve
inspeccionando el sitio, hasta encontrar el área de transporte. Casi todas las
boleterías tenían como destino Río de Janeiro, en promedio 110 reales por
persona. Perú está en todo, una boletería de la empresa Ormeño me hizo recordar
mi país.
No pude conocer Sao Paulo en el primer día. El ómnibus salía a las 12:30, cerca de seis
horas de viaje, así que ahorré en hotel. Este bus no era para mucha gente,
conté tan solo 12, no tenía las mesas, pero sí lunas polarizadas. Yo no podía
dormir, seguía encantado con lo que mis ojos estaban viendo. A pesar de eso, la
situación y mis necesidades impidieron que pueda ver todo el trayecto.
Capítulo 1, "Primer día" - Saul Eduardo Romero Angeles
Capítulo 1, "Primer día" - Saul Eduardo Romero Angeles
miércoles, 6 de mayo de 2015
Los hombres tienen una condición en común
Jean Paulo Sartre: "...Los hombres difieren entre sí como difieren sus respectivas situaciones; difieren también según la elección que hagan de su propia persona. Lo que todos tienen en común no es una naturaleza, sino una condición, es decir, un conjunto de límites y sujeciones: la necesidad de morir, de trabajar para vivir, de existir en un mundo habitado ya por otros hombres. Y esta condición no es en el fondo sino la situación humana fundamental o, si se prefiere, el conjunto de caracteres abstractos comunes a todas las situaciones".
Colegio Abierto de Filosofía

lunes, 20 de abril de 2015
Con el tiempo te das cuenta
“Después de un tiempo, uno aprende la sutil diferencia
entre sostener una mano y encadenar un alma.
Y uno aprende que el amor no significa acostarse,
y que una compañía no significa seguridad,
y uno empieza a aprender…
Que los besos no son contratos y los regalos no son promesas,
y uno empieza a aceptar sus derrotas con la cabeza alta
y los ojos abiertos,
y uno aprende a construir todos sus caminos en el hoy,
porque el terreno de mañana es demasiado inseguro para planes…
y los futuros tienen su forma de caerse por la mitad.
Y uno aprende que si es demasiado
hasta el calor del sol puede quemar.
Así que uno planta su propio jardín y decora su propia alma,
en lugar de que alguien le traiga flores.
Y uno aprende que realmente puede aguantar,
que uno es realmente fuerte,
que uno realmente vale,
y uno aprende y aprende… y así cada día.
Con el tiempo aprendes que estar con alguien
porque te ofrece un buen futuro,
significa que tarde o temprano querrás volver a tu pasado.
Con el tiempo comprendes que sólo quien es capaz
de amarte con tus defectos y sin pretender cambiarte
puede brindarte toda la felicidad.
Con el tiempo aprendes que si estás con una persona
sólo por acompañar tu soledad,
irremediablemente acabarás no deseando volver a verla.
Con el tiempo aprendes que los verdaderos amigos son contados
y quien no lucha por ellos, tarde o temprano,
se verá rodeado sólo de falsas amistades.
Con el tiempo aprendes que las palabras dichas en momentos de ira
siguen hiriendo durante toda la vida.
Con el tiempo aprendes que disculpar cualquiera lo hace,
pero perdonar es atributo sólo de almas grandes.
Con el tiempo comprendes que si has herido a un amigo duramente es muy probable que la amistad nunca sea igual.
Con el tiempo te das cuenta que aún siendo feliz con tus amigos,
lloras por aquellos que dejaste ir.
Con el tiempo te das cuenta de que cada experiencia vivida,
con cada persona, es irrepetible.
Con el tiempo te das cuenta que el que humilla
o desprecia a un ser humano, tarde o temprano
sufrirá multiplicadas las mismas humillaciones o desprecios.
Con el tiempo aprendes a construir todos tus caminos en el hoy,
porque el sendero del mañana no existe.
Con el tiempo comprendes que apresurar las cosas y forzarlas a que pasen ocasiona que al final no sean como esperabas.
Con el tiempo te das cuenta de que en realidad lo mejor no era el futuro,
sino el momento que estabas viviendo justo en ese instante.
Con el tiempo verás que aunque seas feliz con los que están a tu lado,
añorarás a los que se marcharon.
Con el tiempo aprenderás a perdonar o pedir perdón,
decir que amas, decir que extrañas, decir que necesitas,
decir que quieres ser amigo, pues ante una tumba, ya no tiene sentido.
Pero desafortunadamente, sólo con el tiempo…”
- Jorge Luis Borges
Hoy
Vivimos en una época tan distante, tan diferente (...)
Hay canciones de tan profunda intensidad que no solamente gustan por la letra o melodía, sino por el aspecto emocional que -al menos por un momento- puede llegar ocupar en nuestros sentimientos más personales. Poder percibir en tres o cuatro minutos algún pasaje de nuestra propia película me parece sencillamente fascinante.
Hoy escuchaba una canción de la llamada época 1990-2000. Llega un momento en que la letra ya no importa, sino es la manera cómo uno se siente, el poder sentir aquel recuerdo lejano revivir mediante los pensamientos. Es tan asombroso el protagonismo que el conjunto de instrumentos musicales pueden llegar al rincón lo más profundo del ser. ¿algún día podrá ser posible recordarlo todo?.
Las personas no prestamos atención a aquellas minúsculas señales que diferencian cualquier actividad de una que podría ser recordada toda la vida. Principalmente porque nos dejamos llevar por el estado de bienestar de ese momento.
En cuanto a música, siempre preferiré aquella que me recuerde algún instante de mi vida.
viernes, 9 de enero de 2015
Reflexiones
Me resulta increíble contar todo el tiempo que pasamos aquí, desarrollando nuestras vidas. Cada quien hace con su vida lo que le parezca, lo que puede o lo que considera, pero me pregunto ese es el destino que tenemos?
Está escrito nuestro futuro?. Muchos dicen -y es lo más aceptado- que depende de cada persona y que el éxito es resultado del esfuerzo. Sin embargo, considero que son las circunstancias las que permiten que se logre tal objetivo.
O será simplemente, que estas condiciones "llegan" a ti, como el hecho de conocer a una persona, quizá a un funcionario, alguien importante o con poder.
No estoy seguro si algún día llegue a conocer tal información pero, algo para mi es claro. No debemos depender de las circunstancias que llegan sin avisar ni mucho menos ampararnos en personas que te den una mano, sino de lo que podemos hacer nosotros mismos por nuestra cuenta.
Mayo 27, 2013
No estoy seguro si algún día llegue a conocer tal información pero, algo para mi es claro. No debemos depender de las circunstancias que llegan sin avisar ni mucho menos ampararnos en personas que te den una mano, sino de lo que podemos hacer nosotros mismos por nuestra cuenta.
Mayo 27, 2013
lunes, 1 de diciembre de 2014
¿Mala suerte o buena suerte, quién sabe?
Érase una vez un anciano labrador que tenía un viejo
caballo para cultivar sus campos. Un día, el caballo escapó a las montañas. Los
vecinos del anciano labrador se acercaron a su granja para condolerse con él, y
lamentar su desgracia, y le decían: ¡Qué mala suerte que tu único caballo se ha
escapado! A lo que el sabio anciano les replicó: ¿Mala suerte o buena
suerte, quién sabe?
Unos días más tarde, el caballo volvió de las montañas trayendo consigo una manada de caballos salvajes, tantos que casi no cabían en la granja. Entonces los vecinos acudieron a felicitar al labrador diciéndole: ¡Qué buena suerte que tu caballo regresó y además trajo consigo un montón más! A lo que este les respondió: ¿Buena suerte o mala suerte, quién sabe?. Cuando el hijo del labrador intentó domar uno de aquellos caballos salvajes, este lo tiró al suelo y y se rompió una pierna. Todo el mundo consideró esto como una desgracia, por lo que fueron de nuevo a decirle al anciano: ¡Qué mala suerte, que tu hijo se ha roto la pierna! A lo que el viejo labrador se limitó a decir: ¿Mala suerte o buena suerte, quién sabe?.
Una semana más tarde, el país entró en guerra y fueron reclutados todos los jóvenes varones que se encontraban en buenas condiciones. Cuando vieron al hijo del labrador con la pierna rota obviamente lo dejaron tranquilo y se libró de ir a la guerra. ¿Fue eso buena suerte?, ¿O fue mala suerte?… ¿¡Quién sabe!?
Anthony de Mello
Unos días más tarde, el caballo volvió de las montañas trayendo consigo una manada de caballos salvajes, tantos que casi no cabían en la granja. Entonces los vecinos acudieron a felicitar al labrador diciéndole: ¡Qué buena suerte que tu caballo regresó y además trajo consigo un montón más! A lo que este les respondió: ¿Buena suerte o mala suerte, quién sabe?. Cuando el hijo del labrador intentó domar uno de aquellos caballos salvajes, este lo tiró al suelo y y se rompió una pierna. Todo el mundo consideró esto como una desgracia, por lo que fueron de nuevo a decirle al anciano: ¡Qué mala suerte, que tu hijo se ha roto la pierna! A lo que el viejo labrador se limitó a decir: ¿Mala suerte o buena suerte, quién sabe?.
Una semana más tarde, el país entró en guerra y fueron reclutados todos los jóvenes varones que se encontraban en buenas condiciones. Cuando vieron al hijo del labrador con la pierna rota obviamente lo dejaron tranquilo y se libró de ir a la guerra. ¿Fue eso buena suerte?, ¿O fue mala suerte?… ¿¡Quién sabe!?
Anthony de Mello
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